Completamos nuestro primer mes al aire.

Las 5 enseñanzas que nos deja nuestro primer mes al aire

Con un largo camino por delante, los aprendizajes y cifras de estas primeras semanas nos tienen optimistas.

El sitio web de La Contratopedia Caribe cumple hoy su primer mes al aire. Decidimos lanzarnos al agua el 20 de diciembre pasado, después de tres meses de presencia en Twitter, Facebook e Instagram. Redes a las que llegamos el 23 de septiembre de 2019, en medio de la indignación ciudadana, generada por unos audios en los que el exsenador parapolítico Vicente Blel detallaba repartijas en algunos contratos de la Gobernación de Bolívar.

Tras un mes de estar apostándole a hacerle seguimiento semanal a los contratos de la Alcaldía de Cartagena y de la Gobernación de Bolívar, son muchas las enseñanzas que nos ha dejado este ejercicio que pretende darle rostro a la plata pública. Especialmente, queremos compartirles cinco de esos aprendizajes que trascienden la arena periodística.

Aunque es un tema denso, hay interés masivo por la plata pública

Que las historias sobre la plata pública no despertaran suficiente interés o fueran consideradas piezas densas fue -y todavía lo sigue siendo- uno de nuestros principales miedos al embarcarnos en este ejercicio periodístico. Sin embargo, semana tras semana, hemos ido descubriendo un sólido interés por la contratación pública, entre voces clave de la ciudadanía bolivarense: exfuncionarios, funcionarios, académicos, periodistas, veedores, líderes gremiales y ciudadanos en general nos han animado, a través de comentarios privados o públicos, a seguirle poniendo el rostro a la plata pública. Lo han hecho opinando sobre las primeras historias que hemos publicado desde el 20 de diciembre o sugiriéndonos dónde poner la lupa.

Aunque nuestras cifras están lejos de ser las ideales, las visitas registradas este primer mes nos tienen optimistas: cerramos con 8.200 visitantes únicos y cerca de 10.000 páginas vistas. Métricas modestas, pero que nos tienen felices al tratarse de un medio de nicho tanto en temática como en público objetivo.

Hasta ahora, nuestra historia más visitada y comentada en redes ha sido la de los contratos con los que se estrena el alcalde William Dau. Esa pieza supera las seis mil vistas y en ella contamos los retos que el mandatario tendrá para contratar el plan de alimentación escolar, la vigilancia y el aseo en las escuelas. Contratos señalados en el pasado por la falta de transparencia en la selección de sus operadores.

Hacer público lo público no es en sí mismo un ejercicio sospechoso 

No todo contrato público es sinónimo de corrupción. Bajo esta premisa hemos tratado de ponerle la lupa a los procesos de contratación sin que parezca que el solo hecho de poner foco sobre lo público, contar las observaciones de un borrador de pliegos o evidenciar los ruidos de los interesados en X o Y contrato será el prólogo de una contratación amañada.

Lo que buscamos es que esa información, que es pública y está colgada en la página web del Secop, esté al alcance de los ciudadanos: que quienes lean nuestras historias puedan entender a qué apuntan las observaciones, quiénes las hacen y qué responden ante ellas las entidades estatales. También que esos lectores conozcan el rostro de los operadores de la plata pública. 

Una de las historias que nos llevó a preguntarnos cómo contar la plata pública sin incurrir en tono de sospecha, fue la de los convenios firmados entre la Alcaldía de Cartagena y la Fundación Salvi para la organización del Festival Internacional de Música cada inicio de año. En esta edición, ese evento tuvo más reflectores encima después de la polémica decisión del alcalde William Dau de no aportarle los millonarios recursos, como lo venían haciendo su predecesores.

Con esa historia buscamos mostrar, especialmente, cuánta plata le ha entregado la Alcaldía, los últimos años, a esa Fundación y darle rostro a quienes están detrás de ella, sin obviar los aplausos que recibe por su trabajo y su aporte fundamental a la cultura musical del país. 

Nuestro principal reto ante historias como esa seguirá siendo hacer público lo público, darle rostro a la plata pública y desmontar la creencia de que iluminar lo público es sinónimo de mala ejecución o de irregularidades. 

La transparencia informativa es un reto periodístico mayúsculo

Uno de los obstáculos que hemos encontrado en este ejercicio periodístico ha sido la ausencia de información estandarizada y en formatos amigables, que faciliten la búsqueda e interpretación de los contratos. A veces, encontrar un documento es un proceso similar a buscar una aguja en un pajar.

El sistema pareciera estar diseñado para ponerle trabas al ciudadano y hacerlo desistir del seguimiento a la plata: algunos contratos, por ejemplo, están ilegibles o incompletos en formato PDF o JPG (muchos son documentos escaneados y guardados como fotografías). Otros no tienen la información completa de las firmas que integran los consorcios ni las uniones temporales que ejecutarán las obras o prestarán los servicios.

También hemos identificado un tercer patrón de mala praxis que atenta contra la transparencia: montos de contratos mal digitados que conducen a una errada interpretación. Así, a varios asesores de la oficina jurídica del Distrito, por ejemplo, les aparecen a su nombre contratos por miles de millones de pesos, cuando realmente se tratan de órdenes de prestación de servicios que no superan los 10 millones de pesos mensuales. Sin embargo, quien no revise directamente cada uno de esos contratos dará por megacontratista a un funcionario de rango menor. 

Aunque el seguimiento de lo público exigirá siempre precisión y doble chequeo, no deberían existir errores de digitación en una plataforma oficial como el Secop, alimentada por funcionarios. En este caso, poco rigurosos con su trabajo.

La plata pública debe ser noticia desde el borrador de los pliegos

Creemos que entre más ojos acompañen los procesos de contratación desde sus primeras etapas, más aumentarán las probabilidades de contratos transparentes y sin tantos cuestionamientos.

Por eso, nos hemos puesto como meta seguirle el rastro a los contratos desde los borradores de los pliegos para conocer, tempranamente, quiénes son los privados interesados en ejecutarlos y sus eventuales cuestionamientos. Ya lo hemos hecho con los posibles oferentes del plan de protección costera (aún en proceso) o con las firmas que le apostaban a mejorar la infraestructura educativa, contratada por la administración de Pedrito Pereira el semestre pasado.

Creemos que a esos estadios iniciales les hace falta más periodismo y es allí donde sentimos que La Contratopedia Caribe tiene mucho por aportar. Y en ese proceso, hemos encontrado grandes aliados, como lo son las veedurías ciudadanas. La más notable, Funcicar.

Lenguaje cercano para aterrizar la plata pública en la cotidianidad del ciudadano

La última pero no menos importante enseñanza de este primer mes al aire ha sido la búsqueda constante de un lenguaje cercano, que nos permita traducirle al usuario la terminología de la contratación pública: pasar de términos especializados a palabras castizas, que cualquier persona pueda leer sin sentirse perdido o verse obligado a consultar su significado en el diccionario.

En una de las primeras publicaciones que hicimos en Instagram, entendimos que estábamos dando por hecho el significado de palabras como megacontrato (procesos que superan los mil millones  de pesos) y oferente (privado que hace una oferta de contratación). El álbum comenzaba contando cuáles eran los contratos pasados de la firma KMA, megacontratista del Distrito de Cartagena y privado detrás de la APP del Corredor Portuario y la Quinta Avenida de Manga.

Solo cuando un usuario preguntó a qué nos referíamos con el término megacontratista (privado que se gana un contrato millonario) entendimos que debíamos esforzarnos más para simplificar el lenguaje de nuestros textos. Esa pregunta fue también un recordatorio de nuestra misión: acercar y no alejar al ciudadano de a pie de estas historias sobre la contratación pública, de por sí un asunto indiferente para una gran mayoría.

No es fácil escribir en un lenguaje menos oficial y más cercano, pero esa será siempre una de las apuestas de La Contratopedia Caribe. 

PD: Este primer mes al aire no hubiera sido posible sin la guía profesional de la diseñadora gráfica Gina Zabaleta ni del equipo de 4to Pixel, empresa responsable del diseño y desarrollo web de nuestro sitio. Tampoco nos hubiéramos lanzado sin la consejería de Luis Carlos Arraut, director del Centro de Emprendimiento y Laboratorio de Creatividad e Innovación, de la Universidad Tecnológica de Bolívar (UTB).

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