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Con la temporada turística, han aumentado los casos por coronavirus en la capital de Bolívar. /Foto: Ofiprensa Alcaldía de Cartagena.

“Si el virus sigue creciendo, Cartagena tiene que cerrarse por lo menos 14 días”: Rubén Sabogal

Médicos en Cartagena advierten que de seguir en ascenso el número de contagios por coronavirus los próximos días, el sistema de salud de la ciudad no daría abasto y sería necesario que esta capital adopte medidas más restrictivas que las del autocuidado.

Con los casos y muertes por coronavirus otra vez disparados, Cartagena comenzó este 2021 con el desafío vital de contener la propagación del virus. Especialmente, porque en esta capital el riesgo de colapso es mayor ante su sistema sanitario débil, lleno de ‘elefantes blancos’.

Para contener la propagación del virus, Cartagena tiene el doble reto de superar la carestía nacional de medicamentos para unidades de cuidados intensivos y controlar las aglomeraciones y la falta de protocolos de bioseguridad, más comunes desde hace semanas por la alta temporada turística y la apertura de playas.

El personal médico de Cartagena advierte desde hace semanas que si el virus sigue con el mismo comportamiento, podría haber colapso sanitario en enero. Por eso, hay quienes en la capital de Bolívar piden un inmediato cierre estricto de dos semanas. Una recomendación que la Alcaldía no parece contemplar, dada su apuesta de reapertura y reactivación económica.

Desde diciembre pasado, la Mesa de la Salud de Bolívar y Cartagena —espacio gremial que agrupa a más de 18 organizaciones del sector salud de ese departamento—  viene pidiéndole al Distrito de Cartagena declarar la alerta naranja en la red hospitalaria ante el aumento de muertes por Covid-19: la ciudad pasó de reportar uno o dos casos diarios a tener hasta 14 muertes por día durante esta temporada de fin de año. Cartagena, de hecho, cerró diciembre con el doble de contagios y muertes de noviembre.

Para dimensionar este nuevo periodo de la pandemia en Cartagena, La Contratopedia Caribe entrevistó al médico Rubén Sabogal, presidente de la Mesa de la Salud.

Rubén Sabogal, presidente de la Mesa de la Salud por Bolívar. Foto tomada de esova.com.

La Contratopedia Caribe. ¿La Mesa de la Salud de Bolívar y Cartagena califica este aumento de casos Covid-19 reciente como un segundo pico de pandemia en la ciudad o es prematuro hablar de un segundo pico? 

Rubén Sabogal. Definitivamente estamos en la segunda ola. Empezamos diciembre, aproximadamente, con 31.000 personas positivas, confirmadas, y unas 640 personas fallecidas. En ese momento la letalidad aproximada era del 2% y había un promedio de fallecimientos supremamente bajo. Llegábamos a una o dos personas fallecidas por día en Cartagena. 

A finales de noviembre y comienzos de diciembre, la pandemia comenzó a subir. Hicimos proyecciones sobre el comportamiento del virus en diciembre y el margen de error que tuvimos en los cálculos fue de 30 casos. La mortalidad por el virus se disparó.

Cuando se dio la primera ola, la mayor población afectada fue la más joven, personas por debajo de los 60 años. El mayor pico de fallecidos se observó entre los 20 y 40 años de edad. En esta segunda ola, lo que estamos viendo es que los mayores fallecidos son personas de más de 55 años. 

¿Por qué? Nuestra población joven está subestimando el virus y está desenfrenada. Los jóvenes llegan a sus casas sin ninguna medida de protección y están contagiando a los adultos mayores, que son los portadores de las mayores comorbilidades: hipertensión, diabetes, problemas de asma y diferentes patologías asociadas. 

LCC. Entonces, el panorama de enero no es muy alentador… 

RS. Con base en los números que terminamos diciembre, proyectamos enero. Nosotros aquí en Cartagena en siete días, los dos de enero y los últimos cinco de diciembre, acumulamos 10 fallecidos diarios: 71 personas fallecieron durante esos siete días. 

Pasamos de tener en promedio una persona fallecida diaria antes de diciembre, a cuatro después y hoy ya estamos hablando de 10 personas fallecidas por día. Estos primeros quince días de enero deberán mostrar una tasa de crecimiento altísima. Ojalá nos equivoquemos. De no ser así, la ciudad tiene que cerrarse el 15 de enero por lo menos 14 días. Es la única forma de romper el ciclo de difusión.

Esos números que son tozudos nos obligan a adoptar una postura más rigurosa, de concertación. Como médicos no podemos decirles a los productores económicos qué tienen que hacer. Hemos sido respetuosos y hemos solicitado una reunión para que podamos construir juntos. Estamos pidiendo reunión con el alcalde y con el gobernador. Todavía no se ha dado. 

LCC. Pareciera que también ha jugado en contra, en esta nueva ola, el período de vacancia de algunas entidades oficiales… 

RS. Normal en la esfera administrativa pública. Hay una inercia entre el 20 de diciembre y el 20 de enero. No se decide nada. 

LCC. Esas medidas que proponen desde la Mesa demostrarían que ya nos quedamos cortos con las recomendaciones del autocuidado, es decir, el lavado permanente de manos, evitar las aglomeraciones y siempre usar el tapabocas. ¿Qué otras medidas han considerado desde la Mesa?

RS. Para el 6 ó 7 diciembre, la Mesa por la Salud propuso respetuosamente que se decretase el estado de alerta naranja en la red hospitalaria. El 24 de diciembre solicitamos alerta máxima. No hubo respuesta del Gobierno distrital. El Presidente de la República dijo que Cartagena estaba en condiciones de recibir a cuando visitante llegara. 

Muy tristemente, la misma fatiga, tanto física como mental; la influencia de los medios de comunicación y la temporada de fin de año fueron generando una especie de ‘esto no es conmigo’, ‘esto ya pasó’, ‘aquí se va a morir gente, pero mientras yo esté vivo pues sigo’. Una especie de indiferencia afectiva con la realidad. Se sembró en el imaginario: ‘no te preocupes que ya viene diciembre y diciembre es el mes de la alegría’. Hubo como un relajamiento.

LCC. ¿Cómo están las condiciones de atención hoy en el sistema público sanitario de Cartagena? 

RS. Tenemos un año de pandemia y se acondicionaron nuevas camas de cuidados intensivos. Sí, las camas de cuidados intensivos son un número, pero no son una realidad cierta porque esas camas se manejan con materiales e insumos y requieren recurso humano especializado. Entonces hay una serie de sofismas de distracción. 

A nosotros los médicos se nos exige calidad, resultados y cumplimiento, pero no nos dan los medios para tener mejores resultados. No nos dan los insumos para tener esos resultados y no tenemos el apoyo administrativo para tener esos resultados. 

No es cierto, por ejemplo, que hayan mejorado la estabilidad ni condición laboral del profesional sanitario. El 90% de los trabajadores de la salud de Cartagena está terciarizado, no tiene vacaciones ni primas. Ese personal tiene contratos de 11 meses, descansa un mes y comienza otra vez a trabajar.

El operador de la red pública de Cartagena ESE Hospital Local Cartagena tiene hoy 58 empleados de planta y 890 a través de bolsa de empleo. El cambio en el modelo de contratación, por el que esa entidad viene trabajando desde 2017 como parte de sus compromisos con el Ministerio de Hacienda para sanear sus finanzas, ha sido prioritario para William Dau desde que llegó a la Alcaldía. 

Especialmente, ha insistido en ese cambio los últimos meses por la histórica influencia que sobre la red hospitalaria pública de Cartagena ha tenido el grupo político de la condenada Enilce López, más conocida como La Gata, y a quien Dau denunció varias veces como veedor anticorrupción.

LCC. Con esas condiciones laborales, entonces pareciera que el cuerpo médico está sobrecargado…

RS. Con lo que nosotros tenemos de patología tradicional, más lo que está ocurriendo con el virus y la falta de medicamentos y personal sanitario adecuado, probablemente sí vamos a tener una crisis. Si los números y la letalidad cambian, entonces sí preparémonos. 

A los hospitales llega la patología de diaria ocurrencia, que implica distintas causas. Por ejemplo, ¿cuántos fallecidos tuvo Cartagena este fin de semana por violencia? 10. Eso significa que a los hospitales llega todo lo que tiene que ver con traumas, accidentes de tránsito, violencia casera y enfermedades de común ocurrencia, como la hemorragia cerebral, el infarto cardíaco, la descompensación diabética, las infecciones, las convulsiones. 

Toda esa patología, que ya tiene una epidemiología propia y que se presenta históricamente en todos los sitios del mundo, requiere atención hospitalaria y muchas de ellas cuidados intensivos. Si a eso le suma una nueva morbilidad, como el problema respiratorio (por Covid-19), obviamente que va a haber una situación sanitaria complicada. 

Probablemente la letalidad del virus aquí en Cartagena cambió. Nosotros como Mesa le pedimos al Gobierno Nacional y al Distrital que se hiciera un estudio técnico para establecer si hay una nueva cepa en Cartagena (diferente a la de Inglaterra y a la que se detectó en Chile), porque el virus está atacando más rápido a la población.

Hoy la gente está falleciendo a los pocos días de haber adquirido la infección. Hasta hace semanas encontrábamos personas que les daba Covid-19 y demoraban dos o tres meses en el hospital.

LCC. ¿Ese cambio lo vienen observando las últimas semanas?

RS. Esta observación la estamos haciendo desde diciembre hacia acá.

LCC. ¿Hasta qué punto el virus ataca más o menos según el grado de nutrición de las personas? Dado que Cartagena tiene a cuestas cifras históricas de desigualdad y pobreza, ¿qué tanta influencia ha tenido esa realidad en la morbilidad por Covid-19 de la ciudad? 

RS. ¿Qué pasa en general?  La población más deprimida económicamente siempre va a ser susceptible de adquirir enfermedades y el incremento de la mortalidad va a ser mayor precisamente por volumen. Porque no es lo mismo hablar del 70 por ciento de gente pobre en Cartagena contra un 30 por ciento de situación económica más definida. 

Segundo, los conflictos nutricionales históricos de Cartagena, no solamente lo vamos a ver reflejados en la difusión de enfermedades, también en el hacinamiento, son las condiciones sanitarias en general: falta de agua potable, disposición de excretas, recolección de basura. 

Eso lo vemos nosotros no solamente ahora con este virus sino con otras enfermedades. Por ejemplo, una apendicitis. Una persona sana y con un buen balance nutricional histórico, se opera de apendicitis y a los dos o tres días está en su casa. Pero, ¿qué pasa con nuestra población más pobre? Se operan, a los siete días se les abre la herida porque no tienen sustrato proteico para cicatrizar. Después viene la infección, la neumonía o los problemas renales. Se gastan más tiempo hospitalizados.

LCC. Ustedes también habían dicho que les preocupa el desabastecimiento de medicamentos para intubar, que por supuesto no es una realidad exclusiva de Cartagena…

RS. La situación es crítica. Una colega me llamó preocupada porque a su mamá tuvieron que intubarla y necesitaba Midazolam, un medicamento para sedación. ‘Rubén —me dijo— no es posible que estén vendiendo en una farmacia una ampolla de Midazolam por 50.000 pesos, que usualmente vale cinco mil pesos o menos’. 

¿Qué está pasando? En estos momentos hay desabastecimiento en Cartagena de medicamentos que normalmente se utilizan para sedación, relajación e intubación de personas en cirugía y en cuidado intensivo. 

Un colega anestesiólogo también me llamó a decirme: ‘Rubén, ¿cómo hacemos? Va a llegar el momento en que habrá que decidir a qué paciente se va a intubar y a cuál no’. Como en la medicina de guerra.

LCC. Justo, el 31 de diciembre, la directora del Dadis publicó en su Facebook que esa entidad había encontrado un laboratorio con disponibilidad nacional de esos medicamentos. ¿Ya comenzaron a llegar más medicamentos a los hospitales?

RS. Negativo, no hay. Ese es el problema de la información oficial. Muchas veces genera expectativas, pero el cumplimiento se tarda porque la burocracia así lo impone. 

Esta entrevista se hizo el 3 de enero.
Johana Bueno, directora del Dadis, informó este 5 de enero que las clínicas y hospitales de Cartagena están solucionando el desabastecimiento de medicamentos esenciales, después de contactarse con un proveedor suministrado por el Dadis.
“El Hospital Universitario del Caribe hizo una orden de compra de 5.000 unidades, donde les aprobaron 1.800 de Midazolam. También la Maternidad Rafael Calvo dijo que tienen abastecimiento para un mes, y se contactaron con el proveedor para adquirir más medicamentos”, aseguró Bueno a través de un comunicado de prensa.El Ministerio de Salud informó que a finales de 2020 llegó una importante cantidad de Midazolam al país, distribuida prioritariamente en las zonas con mayor afectación Covid reciente: Norte de Santander, Valle del Cauca, Antioquia, Huila, Tolima, Risaralda, Quindío, Caldas y Bogotá.

LCC. ¿Y entonces cómo están haciendo? Para intubar a un paciente sí o sí hay que sedarlo porque su reacción natural será sacarse el tubo del respirador por incomodidad, porque siente un objeto extraño en su cuerpo…

RS. En estos momentos se está haciendo todo lo inimaginable desde el punto de vista terapéutico para poder ofertar la anestesia y la sedación. Todavía hay reservas en algunas instituciones, pero hay otras que están totalmente desabastecidas. 

LCC. Por eso se ha vuelto común leer, los últimos días, en redes sociales a la gente buscando Midazolam u otros medicamentos para llevarlos a los hospitales… 

RS. Insisto, no es solamente abrir una cama de cuidados intensivos. Hay que tener en cuenta todo lo que gira alrededor.

Para usted abrir 100 camas de cuidados intensivos va a requerir X número de personal entrenado (médicos intensivistas, enfermeras intensivistas, terapeutas respiratorios, terapeutas físicos). Se requieren unos insumos adicionales. En un documento que enviamos a las autoridades a finales de diciembre preguntamos detalles del plan de expansión de unidades de cuidados intensivos.  

Cartagena pasó en 2020 de 1.599 camas hospitalarias para adultos a 1.720, informó la Alcaldía en su rendición de cuentas el pasado 30 de diciembre. De esas camas, 353 son de unidades de cuidados intensivos y 184 de atención intermedia. 

LCC. Entonces pareciera que, definitivamente, el tema de evitar las aglomeraciones, el uso constante del tapabocas y el lavado frecuente de manos siguen siendo la clave para mantener el virus lo más lejos posible…

RS. La clave central de todo este proceso es no perder la sensibilidad. Seguir fomentando hasta la saciedad todos los procesos educativos para tener consciencia de la realidad de esta enfermedad. 

No hay que dejar de insistir sobre los autocuidados, porque ahí está la clave. También hay que seguir fomentando los controles en la movilidad de la gente.

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