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Fiestas de la Independencia de Cartagena
Las Fiestas de Independencia regresan este 2021 con eventos presenciales, después de un 2020 con restricciones de movilidad por el Covid-19. /Foto: Ofiprensa IPCC.

‘Las Fiestas tienen que vivirse en toda la ciudad; la celebración callejera no se puede criminalizar’: Gina Ruz sobre el 11 de noviembre

Después de un 2020 con una agenda virtual por el coronavirus, este 2021 regresan algunos eventos presenciales por la Fiesta de Independencia. Cartagena tiene el reto de lograr que sus ciudadanos se apropien más de esta festividad.

Cartagena conmemora, este 11 de noviembre, 210 años de Independencia del yugo español. Lo hace en medio de grandes retos sociales, como la superación de la pobreza, y con el desafío de darle mayor importancia a esta fecha, alrededor de la cual la ciudad suele integrarse para rememorar los vientos libertarios que surgieron en este rincón del Caribe y le dieron la Independencia a Colombia. 

La revitalización de las Fiestas de la Independencia no es un reto menor para Cartagena, pues la crisis que atraviesa esta fecha obedece a varias causas, entre ellas la estigmatización propiciada por los mismos gobiernos locales.

Tras un 2020 con restricciones de movilidad por el Covid-19 de y una agenda de conmemoración virtual, el Distrito organizó para este 2021 varios eventos presenciales en honor a esta tradición festiva. Sin embargo, la decisión del gobierno de William Dau de prohibir los bandos en los barrios y otros actos populares, que fortalecen las fiestas desde las comunidades, evidencia que aún es largo el camino para la revitalización del 11 de noviembre.

Sobre esos desafíos, cuán necesaria es la participación de los barrios y cómo las Fiestas de Independencia necesitan una mayor apropiación desde los sectores público y privado, La Contratopedia Caribe entrevistó a la investigadora y gestora cultural Gina Ruz, magíster en Desarrollo y Cultura y miembro del Comité por la Revitalización de las Fiestas de Independencia desde su creación en 2004.

Gina Ruz, gestora cultural.
Gina Ruz, gestora cultural.

La Contratopedia Caribe.  ¿Cómo pueden definirse las Fiestas de Independencia de Cartagena? 

Gina Ruz. Son una celebración y también una conmemoración en torno a un hecho histórico que es la Declaratoria de Independencia del 11 de Noviembre, fecha simbólica por el protagonismo de Cartagena en el largo proceso de Independencia nacional. 

Las Fiestas tienen un carácter político desde su origen, de libertad frente al yugo español. Fueron vistas como anticoloniales. Definirlas es un ejercicio interesante, precisamente, por los múltiples elementos que tienen de origen afro, indígena, europeo. Manifestaciones producto del sincretismo y del mestizaje. 

Para entender esos elementos es importante recordar que antes de la Independencia, durante la Colonia, el calendario festivo de la provincia estaba ligado principalmente al calendario católico, que fue el que trajeron los colonizadores españoles. Se celebraban fiestas como la Inmaculada Concepción, que sigue fuerte en nuestra región; los Reyes Magos, San Sebastián y La Candelaria, otra de las más antiguas de la ciudad. 

Cartagena también tuvo carnavales y entre la Candelaria y los carnavales  se expresaban los cabildos de los esclavizados, a quienes se les permitía reunirse y participar de esas fechas. Por eso vemos en nuestras Fiestas influencias de ese Carnaval, como echarse agua o maicena, y algunas expresiones barriales de noviembre con el nombre Carnaval. 

Podemos recordar el Carnaval de San Diego, el Carnaval de El Socorro, el Carnaval de Las Gaviotas. Algunas de esas expresiones se han ido renombrando y transformando, pero muchas otras que han surgido en las últimas tres o cuatro décadas han sido llamadas carnavales en rememoración a ese antiguo Carnaval que desapareció. 

La Independencia lo que hace es modificar en cierto modo el calendario festivo, incluyendo una nueva fecha, ya republicana. Estas fiestas que en principio fueron espontáneas se alimentaron de muchas de estas expresiones festivas existentes. 

Nuestras Fiestas hoy tienen cumbia, mapalé, gaita, porro, fandango, bullerengue, danzas tradicionales, cabildos, preludios, bandos, carnavales, desfiles, reinados, y otras expresiones contemporáneas.

LCC. ¿Cómo ha sido la transformación de las Fiestas durante las últimas décadas? Pareciera que varios factores no han permitido que se consolide como celebración cultural.

GR. Cuando uno lee el libro de Enrique Muñoz, Cartagena festiva. El 11 de noviembre y sus signos culturales, encuentra algunas crisis recurrentes de las Fiestas, en diversas décadas. 

Entre 2003 y 2004, cuando se hizo un diagnóstico en foros y mesas de trabajo para pensar las Fiestas, se identificaron entre las razones de su crisis las crisis de la ciudad. Y hacia finales del Siglo XX, una crisis de identidad histórica y festiva, y una desarticulación recurrente entre los actores festivos y el Estado.

También hay una falta de continuidad en las políticas y los procesos que se han adelantado para el fortalecimiento de las Fiestas. Eso tiene mucho que ver con las mismas debilidades administrativas de la ciudad. 

Por ello se le está apostando a la inclusión de las Fiestas en la lista de Patrimonio Local y Nacional para que cuenten con un instrumento de gestión: el Plan Especial de Salvaguardia.

También hubo episodios muy fuertes de violencia en el marco de las Fiestas. Viví algunos como espectadora. Las Fiestas dejaron de responder a este carácter multiétnico y pluricultural de la sociedad local. 

LCC. ¿A qué violencia se refiere?

GR. Tengo un recuerdo particular en los años 90. De hecho, dejé de ir a las Fiestas por esos episodios tan complicados. Estabas en El Bando y de pronto alguien te tiraba una piedra por la espalda. A un chico, recuerdo tanto, lo apuñalaron para quitarle una máscara en pleno desfile. 

Una cosa es el desorden propio de lo festivo y otra esa agresividad o incluso la comisión de delitos en el marco de los eventos festivos. Eso fue parte de la crisis de las Fiestas y dejó también un recuerdo que todavía estigmatiza a algunas de las expresiones y contribuye a que se tomen decisiones que se proyectan como preventivas, pero que en realidad lo que hacen es entorpecer las dinámicas espontáneas de la celebración. 

A partir de todos esos hechos empezaron a surgir reflexiones tipo: ‘Bueno, cómo hacemos para encauzar el camino de las Fiestas, para que no sean un espacio de agresividad sino de desfogue desde el goce, lo lúdico, lo creativo’.

LCC. Y de ese proceso de reflexión colectiva, entre 2003 y 2005, nació el Comité de Revitalización de las Fiestas…

GR. En 2003 se tomaron unas primeras decisiones desde la Alcaldía, por ejemplo, realizar El Bando de Independencia separado del desfile de las carrozas del Reinado Nacional, y cambiar el nombre de Fiestas Novembrinas a Fiestas de Independencia. 

Ese año y el siguiente, convocados por diversos actores de la ciudad, se realizaron foros, seminarios, mesas de trabajo. Participé en todo eso, de hecho, de esa manera volví a las Fiestas. En ese entonces dirigía una revista y una corporación cultural que se llamaban Noventa y nueve. Participamos como co-organizadores de algunos eventos e hicimos las relatorías de lo que se discutió. 

Fue un proceso muy valioso para reinventar esta fiesta popular a partir de las reflexiones de investigadores, gestores, historiadores, artistas, periodistas, líderes comunitarios. Surgió un documento que llamamos Principios para una política pública de Fiestas y es lo que marca el inicio de lo que hemos llamado Proceso de Revitalización de las Fiestas de Independencia. 

LCC. El Comité de Revitalización es, entonces, más un órgano consultor o de estudio que realmente un organizador de las Fiestas. 

GR. El Comité no organiza ni nunca ha organizado las Fiestas. A veces se nos achacan decisiones que se toman sobre lo festivo que no están a nuestro alcance. El Comité por la Revitalización de las Fiestas es un voluntariado cultural. Somos unos 40 miembros entre organizaciones y personas que aportamos ideas y acciones desde nuestros diferentes espacios. 

Hemos estimulado y creado procesos desde lo festivo, lo barrial y lo educativo, pero también desde la reflexión pública, la documentación y la publicación para visibilizar procesos. Hemos estimulado la agenda académica todos los años. Y si no logramos que se haga una agenda académica, la hacemos nosotros, porque buscamos contribuir con las acciones que consideramos son necesarias para fortalecer las Fiestas.

LCC. Y entre esos retos que tiene la Fiesta está su organización, ¿no? Si bien están a cargo del Instituto de Patrimonio y Cultura, esta entidad se queda corta en este proceso…

GR. Desde 2003, que existe el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC), al Instituto le fue asignado por Acuerdo Municipal el manejo de las Fiestas. Además de todo lo que debe hacer para promover el arte y la cultura en la ciudad, el Instituto tiene la grandísima tarea de organizar las Fiestas, con todas sus limitaciones presupuestales, administrativas y de gestión. 

Para poder cumplir cada año con esas obligaciones, el IPCC a veces acude a convenios con otras entidades que le garantizan un manejo más ágil de los recursos. En estos últimos 20 años se ha planteado, pero no se ha pensado en serio, una figura que permita que las Fiestas se manejen de tal manera que se estimule y dinamice la financiación de diversas fuentes, pero también garantizando que los contenidos históricos, culturales y festivos no obedezcan al interés comercial de algunos patrocinadores. 

Ese equilibrio debería lograrse con una participación importante de lo público, pero también con aportes del sector privado. Así tendremos unas Fiestas que se organizan todo el año y que se piensan desde diversos sectores. 

LCC. También en ese largo listado de pendientes para consolidar las Fiestas parece que falta entender mejor las expresiones populares y dejar de equipararlas a desorden o vandalismo. 

GR. Sí, es cierto. De hecho, en esas reflexiones entre 2003 y 2005 parte de lo que se destacaba era la necesidad de ver las Fiestas como un lugar de inclusión y participación social. Y en ese espacio, el barrio, los gestores, sus organizaciones festivas y sus reinados populares deben ser vistos y concebidos como un microcosmos esencial del proceso festivo. 

Hubo una especie de resurgir con la creación de los cabildos, carnavales y bandos locales, que son espacios valiosos. Muchos de ellos aún existen y otros se han creado los últimos años, en su mayoría organizados con una agenda para la comunidad inmediata en la que tienen influencia. 

También hay otros espacios que son improvisados, espontáneos. Eso hace parte de las Fiestas. Es necesario que eso se entienda desde los diferentes sectores de la ciudad, empezando por los vecinos y siguiendo por las organizaciones comunales, la Administración Distrital y la Policía. 

Se tiene que entender que esos espacios de expresión no se pueden estar criminalizando ni prohibiendo. Más bien debe buscarse la manera de garantizar que desde las diferentes organizaciones se puedan generar condiciones para que la gente se exprese en el espacio público desde la música, el baile y la creatividad.

Entonces, criminalizar de entrada una expresión festiva de una comunidad en particular le hace daño, precisamente, a esa integración y apropiación popular que viene muy debilitada en las Fiestas. 

LCC. Y en ese sentido, la regulación distrital de los banditos en los barrios puede terminar debilitando aún más las Fiestas, ¿no? 

GR. Esa medida es desafortunada y es contraproducente. La fiesta callejera no se puede criminalizar. La prohibición siempre es lo más fácil, ¿no? Como no puedo controlar algo, entonces lo prohibo.

Estas medidas generan mayor resistencia entre las mismas comunidades y la respuesta del Distrito no puede ser el Esmad. El Distrito debe generar estrategias para que las Fiestas se vivan en toda la ciudad como expresión de las múltiples identidades que conviven en esto que se llama ser cartagenero, que no sé muy bien cómo se puede definir, pero que es múltiple y diverso. 

Otra cosa es que esas medidas van en contra de la descentralización de las Fiestas. Hay una orientación hacia la excesiva concentración de eventos en unos espacios muy definidos de la ciudad. Las Fiestas no son un festival, tienen que vivirse en toda la ciudad.

La prohibición no puede ser el camino. A punta de prohibiciones, se dice, mataron el Carnaval.

LCC. ¿Qué implica que el Reinado Nacional de Belleza ya no tenga la fuerza que tuvo décadas atrás? De una u otra manera esa celebración opacó las Fiestas de Independencia 

GR. Cuando se empezaron estas reflexiones, a propósito de la crisis de las Fiestas, el Concurso Nacional de Belleza fue una razón, pero no fue la única en esa desapropiación local y nacional de nuestra fiesta popular. 

Ese impacto mediático del Concurso, la apropiación que hizo de los espacios de la agenda festiva, modificándolos según sus requerimientos comerciales y televisivos, en cierto modo contribuyó a la transformación de la celebración, convirtiéndola en subalterna. 

Toda esta riqueza de danzas, música y disfraces terminaron siendo un decorado para esa puesta en escena. Hoy las cosas han cambiado muchísimo y esperemos que esa reinvención del Reinado no sea en detrimento de las Fiestas. 

Es cierto que algunos sectores, gobernantes incluidos, todavía igualan el Reinado a las Fiestas, pero las acciones en pro de una mayor visibilización y fortalecimiento de las Fiestas no deberían depender del destino del Concurso Nacional de Belleza. 

LCC. El Concurso Nacional de Belleza además permeó el Reinado Popular de Independencia…

GR. La dinámica del Concurso de Belleza ha influido en las dinámicas del Reinado de la Independencia, que hoy se debate entre ser el espacio de dinamización de las Fiestas en los barrios y ser también un concurso de belleza reproduciendo las mismas dinámicas del Concurso Nacional. 

No puede ser que las posibilidades de visibilización y oportunidades de las mujeres, especialmente de las jóvenes de los barrios de nuestra ciudad, pasen por tener que mostrar su cuerpo en un concurso auspiciado por la Administración Distrital. Esta es una discusión que debemos dar en la ciudad. 

Nuestro Reinado Popular no nació para ser un certamen de competencia por la “belleza” sino como un espacio de integración entre los barrios. Ahí no había desfile en traje de baño ni competencia por quién era la más bonita. 

No todos los reinados son concursos de belleza.

LCC. Sin duda, son muchos los retos para consolidar estas Fiestas 

GR. El principal reto para posicionar nuestras Fiestas y garantizarles una revitalización definitiva es que sean parte de una política integral de ciudad que reconozca y valore la cultura como una de las dimensiones de su desarrollo general.

Las Fiestas no deben entenderse sólo como un espacio lúdico y conmemorativo, que ya es bastante e importante, sino también como una oportunidad de encuentro ciudadano, expresión y transmisión de las tradiciones, generación de oportunidades productivas, integración social, mejoramiento de la calidad de vida y promoción social y turística de la ciudad. 

Desde lo público se debe entender que todas las dependencias tienen también responsabilidad sobre las Fiestas, no solo son el IPCC y la Secretaría de Educación, que se vincula cada año con las instituciones educativas. 

La Secretaría de Participación puede, perfectamente, generar espacios de presupuesto participativo para estimular y financiar los procesos festivos de los barrios. El Plan de Emergencia Social puede activar iniciativas productivas para generar recursos en torno a los vestuarios, danzas, banderas y maquillaje de los actores festivos. 

La Secretaría del Interior y Convivencia puede generar también procesos importantes de convivencia para no tener que echarle el Esmad a la gente. Salud tiene que estar presente, las alcaldías locales, el Concejo Distrital. 

Los congresistas de la ciudad deberían presentar el proyecto de Ley que declare el 11 de noviembre como festivo nacional inamovible, modificando la famosa Ley Emiliani que le quitó relevancia a nuestro 11 de noviembre. 

Hay tantas posibilidades que no se han explorado, o no se les ha dado continuidad, y que nos permiten hacer planes conjuntos entre diversos sectores de la vida pública de la ciudad.

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