[Opinión] Red de besos

Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía

[Opinión] Red de besos

Promover el ‘perrateo’ como valor cultural fue el foco de la campaña ‘212+1’ y es lo que le sucedió al alcalde Alejandro Char con un video casual e irrelevante que le dio de beber un poco de su propia medicina, analiza en su columna Juan Tapia.

Fue un bumerán la campaña institucional ‘212+1’ para celebrar el cumpleaños de Barranquilla: el reconocimiento a la creatividad de los publicistas por sacarle partido al humor corrosivo de los habitantes de esta tierra con una expresión abiertamente homofóbica como “aquí tienes para que me la beses” —que por políticamente incorrecta no aparece en ninguna pieza— terminó eclipsado precisamente por un beso: el del efusivo saludo del alcalde Alejandro Char con el cantante vallenato Elder Dayán en el concierto de homenaje a la ciudad en el Malecón del Río. Es lo que tienen las redes sociales: puedes intentar controlar el relato, como ha hecho la Alcaldía con su costosa estrategia digital, pero es imposible saber en qué momento salta la liebre y un video acapara la atención.

Las imágenes, grabadas de manera espontánea en un lugar público, no tardaron en volverse virales desde su publicación en la tarde del domingo 19 de abril, un día después del concierto. Y la ironía se cuenta sola: la misma ‘bacanería’ del barranquillero explotada por la campaña publicitaria, esa exaltación del ‘perrateo’ —burla, para llamarlo por su nombre— como signo de identidad territorial, la tendencia a destruir la reputación de una persona —el alcalde más popular de Colombia en este caso— por prejuicios o rencores personales o políticos, convirtió en comidilla de esquina el video de un beso en la mejilla entre dos hombres en un contexto de festejo, música y licor. He ahí el riesgo de promover una desviación cultural subterránea —el ‘perrateo’, insisto— como un valor patrimonial para enorgullecerse ante los ojos del mundo. De vender como idiosincrasia lo que en ocasiones no es más que matoneo puro y duro.

Por fortuna para el alcalde, las emisoras pertenecientes a su cadena radial están maniatadas para utilizar el episodio del beso como material de sus libretos. De haber sido otro el protagonista, algunos locutores de esa organización habrían atacado como aves de rapiña sin importarles el daño emocional o la invasión de la privacidad, con el argumento de que no son espacios noticiosos sino de entretenimiento. Locutores que han convertido la mamadera de gallo de García Márquez y Sánchez Juliao en letanías de Carnaval para subir la audiencia, y lo que antes era ingenioso y divertido lo transformaron en ramplonería y mal gusto.

En semejante escenario, una campaña como ‘212+1’, aunque original y representativa para la mayoría, pone el acento en dos elementos claramente discriminatorios: el regional, pues el que cae en la trampa del “trece” por lo general proviene de “cachacolandia”, es un extranjero, y el sexual, del que terminó siendo víctima el alcalde por una simple demostración de afecto con un cantante. Una cucharada de su propia medicina.

La Alcaldía de Barranquilla invirtió $2.600 millones en su estrategia digital en 2025, reveló una investigación de La Contratopedia Caribe, para la generación de contenido de promoción de la ciudad y de las actividades de la administración distrital. La vinculación de influenciadores para destacar la gestión del alcalde ha recibido críticas desde el periodismo, ya que la pauta que antes recibían la prensa tradicional y los medios independientes ha sido reducida notablemente por el papel preponderante de los ‘reyes’ de las redes sociales. Los influenciadores han pasado a ser los principales amplificadores del gobierno local, una práctica que no es exclusiva de Barranquilla y que marca un cambio en las comunicaciones de los políticos.

Esa dinámica de las redes, conocida como la dictadura del algoritmo, fue la que mandó a un segundo plano la noticia de las amenazas de muerte contra Char y su familia, confirmadas por la Policía Nacional y el ministro del Interior Armando Benedetti, para darle prioridad a un hecho superficial e irrelevante como un beso. Porque hasta un niño sabe que dos videos con el mismo protagonista, subidos en un lapso mínimo, terminan por eliminarse entre ellos. Y, como era de suponerse, el escándalo del saludo con Elder Dayán fue más llamativo para los barranquilleros que el supuesto plan para asesinar al mandatario. Cosas de las redes. Y cosas de la gente.

El propio Benedetti, contradictor político de Char y aspirante a ocupar su puesto en el Paseo Bolívar, confirmó en rueda de prensa que la información sobre un posible atentado contra el alcalde surgió de un recluso de la cárcel de El Barne (Boyacá) y ofreció, en nombre del gobierno, una recompensa de $1.000 millones por los nombres de los responsables. Mientras las imágenes del beso eran replicadas una y otra vez, el funcionario de mayor nivel en el Palacio de Nariño ordenó redoblar la seguridad del mandatario de los barranquilleros. Nada para reírse o tomarlo a burla.

Ya le había sucedido al presidente Gustavo Petro con el famoso paseo por el casco colonial de Ciudad de Panamá agarrado de la mano de una mujer a la que sus enemigos le dieron nombre propio sin conocer en realidad su identidad, y le ocurre a diario al candidato a la vicepresidencia Juan Daniel Oviedo por su manera de hablar y su reconocida orientación sexual. A pesar de contar con legiones de influenciadores a su servicio, unos vendidos al mejor postor y otros realmente comprometidos con las ideologías de izquierda o derecha, las redes sociales pueden resultar impredecibles ante un acto tan natural como un beso. Por eso, parafraseando a Groucho Marx, es mejor negocio gastar la plata pública en medios y periodistas dispuestos a vender sus principios o a cambiarlos por otros: controlas al hombre y también a su herramienta.

@jutaca30

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