Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía
[Opinión] La tortura de la calle Shakira
Las canciones de la artista barranquillera sirven de banda sonora para esta columna de Juan Alejandro Tapia sobre la mala ejecución de las obras de la calle 72, los retrasos, adiciones presupuestales y el padecimiento de la ciudadanía.
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Mis días sin ti son tan oscuros, tan largos, tan grises, mis días sin ti. Mis días sin ti son tan absurdos, tan agrios, tan duros, mis días sin ti. La letra de Moscas en la casa, una de las canciones emblemáticas de la reina de la música latina, Shakira, retrata el padecimiento diario de miles de ciudadanos por las obras de la calle 72, una ampliación inevitable debido al crecimiento de la zona norte —es la puerta a lo que ahora muchos llaman ‘Quillami‘—, pero con grandes inconvenientes de diseño y ejecución que tienen a los dueños de negocios tan faltos de aire, tan llenos de nada, chatarra inservible, basura en el suelo, es decir, soportando una tortura imposible de ocultar a pesar de la decisión de la Alcaldía, en su momento aplaudida, de rebautizar la arteria vial con el nombre de la cantante barranquillera.
La avenida Shakira Mebarak fue anunciada por el alcalde Alejandro Char en marzo de 2025 como reconocimiento a la barranquillera más universal de la historia, con la intuición de que el cariño de la ciudad por su artista preferida convertiría un proyecto menor —básicamente lo que se ha hecho es eliminar el separador central para brindar una sensación de mayor amplitud— en una obra digna de aparecer en su antología como mandatario. Y me enseñaste a decir mentiras piadosas…
Sin embargo, los tiempos de entrega expiraron y la plata no alcanzó: tras dos plazos incumplidos, 31 de diciembre de 2025 y 30 de marzo de 2026, la nueva fecha es el 30 de agosto, con una adición de $12.601 millones a los $20.849 millones del primer contrato, mejor dicho, un incremento del 60%, que elevó el valor total a $33.450 millones.
Ciego, sordo y mudo durante varios meses al reclamo ciudadano, el 23 de abril de este año el alcalde publicó en su cuenta de X que “muy pronto esta será una avenida a otro nivel, pensada para la gente”. La respuesta de los comerciantes afectados por la falta de seriedad del Distrito podría resumirse en otro de los grandes éxitos de Shakira, No: No, no intentes disculparte, no juegues a insistir, las excusas ya existían antes de ti. No, no me mires como antes, no hables en plural, la retórica es tu arma más letal.
Si es cuestión de confesar, la reputación del charismo como ejecutor eficiente de obras de infraestructura atraviesa su más dura crisis de credibilidad en cinco administraciones consecutivas de Barranquilla, que completarán 20 años cuando termine el tercer periodo de Alejandro Char. Tanto que te las das de campeón, y cuando te necesitaba diste tu peor versión, es un himno contra Gerard Piqué que bien podrían dedicarle al alcalde los conductores de los buses que recorren cada día la calle 72 y los pasajeros que deben desplazarse al norte de la ciudad y no ven ninguna suerte en que en el sur hayan nacido.
Los retrasos, sobrecostos y la falta de rigurosidad con los diseños socializados empañan, igualmente, las remodelaciones de la Cordialidad y la Circunvalar, sin contar con la debacle de la Gran Vía, proyecto emprendido por el Departamento para mejorar la movilidad en Villa Campestre y La Playa, jurisdicción de Puerto Colombia, pero contratado por la entonces gobernadora Elsa Noguera, ficha de la casa Char, con la Empresa de Desarrollo Urbano de Barranquilla (Edubar), un Frankenstein público-privado al servicio de este grupo político. Te aviso y te anuncio que hoy renuncio...
Contrasta la desidia mostrada en la calle 72 con la celeridad de los trabajos en el estadio Metropolitano y en la instalación de una rueda de la fortuna y un carrusel en el Malecón del Río, obras de menor trascendencia para la ciudad, pero conectadas con el afán propagandístico del alcalde y su discurso de urbe cosmopolita replicado sin chistar por gran parte de la prensa. Tú eres puro, puro chantaje. Puro, puro chantaje.
Un día de enero de 2026 comenzó la remodelación del escenario deportivo para aumentar su capacidad a 60.000 espectadores con el objetivo de tenerlo listo en noviembre para la final de la Copa Sudamericana. La clientela habitual de Junior, el equipo de fútbol de la familia Char, no sobrepasa los 15.000 aficionados por partido, pero el argumento para meterle $173.000 millones fue la necesidad apremiante, según el alcalde, de contar con un recinto gigante para conciertos y otros espectáculos de talla mundial.
La nueva fachada del ‘Metro’, que iba a tener mucho parecido con la estética de los almacenes y droguerías Olímpica, también propiedad de los Char, fue cambiada sobre la marcha debido a las quejas en redes sociales, que en la voz de Shakira habrían sonado a te lo agradezco, pero no, yo ya logré dejarte aparte, no hago otra cosa que olvidarte. En el diseño aprobado, sin embargo, priman los colores rojo y blanco de Junior, un evidente conflicto de interés sobre el cual el Concejo no ha cantado ni una estrofa en contra.
La construcción, con paneles de vidrio, estará a cargo de la empresa Tecnoglass, de los hermanos Daes, megacontratistas del charismo durante sus casi dos décadas en el poder. La tendencia de la Alcaldía, de acuerdo con medios independientes como La Contratopedia Caribe y La Silla Vacía, ha sido concentrar los proyectos de infraestructura en un grupo reducido de empresarios con vínculos estrechos con la familia Char. Los han visto por ahí…
Las razones para desatender unas obras y priorizar otras también pasan por el plano afectivo. Para nadie es un secreto que las dos grandes pasiones del alcalde son Junior y el Malecón, por lo que es frecuente verlo publicar videos sobre el avance de las obras semana a semana. Y aunque parezcas despistado, con ese caminar pausado, conozco la razón que hace doler tu corazón. Por eso quise hacerte esta canción, diría la propia Shak.