[Opinión] El principito

Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía

[Opinión] El principito

La falta de un relevo generacional inmediato y de alfiles de peso en la casa Char ha obligado a lanzar a la arena a Alejandro Char Nule para respaldar a los candidatos de ese grupo político, analiza Juan A. Tapia.

La casa Char no tendrá un candidato con el apellido familiar en las elecciones a Senado y Cámara de este 8 de marzo por primera vez en 36 años, publica el diario español El País, en su edición digital para Colombia del 26 de febrero. Resulta llamativo enterarse de las noticias de Barranquilla en un periódico de origen madrileño, pero es lo que hay ante el precario cubrimiento de la prensa local de una jornada electoral en la que la ausencia de un miembro de ‘sangre real’ es la principal novedad que enfrenta la monarquía que gobierna la capital atlanticense y gran parte del departamento desde hace 18 años.

Ocurre que la ‘corona’ —o la ‘cachucha’, para ajustarlo a la realidad— atraviesa un periodo de cambio por la falta de miembros aptos para asumir el relevo generacional, dentro de la enquistada costumbre de la política colombiana de heredar en línea recta de consanguinidad los cargos de elección popular. Tradición en la que el poder pasa de una generación a otra con votos endosables, de tal manera que las mismas familias controlen la chequera del Estado.

No hay que llamarse a engaños, la casa Char goza todavía de muy buena salud, pero si algo distingue a una monarquía es la cadena de mando: abuelo, padre, nieto. Cuando el poder pasa a manos de tíos, primos, cuñados o colaboradores supuestamente leales, el trono comienza a resquebrajarse.

De ahí que para esta ‘fiesta’ de la democracia haya sido lanzado a la arena política, quizá antes de tiempo, el futuro heredero al trono: el principito. Aunque no figura en ninguna lista al Congreso de la República, Alejandro Char Nule, junior, ha tenido participación activa en los mítines y las redes sociales de los candidatos apadrinados por la ‘corona’. Su juventud y las más que evidentes semejanzas con su padre, el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char Chaljub, han servido para darle aire fresco a las aspiraciones de César Lorduy y Gonzalo Baute al Senado y para consolidar la de Estefanel Gutiérrez a la Cámara.

Con un estilo estratégicamente encaminado a la evocación de su progenitor, en el que la gorra surge como marca registrada y las camisetas negras y blancas transmiten compromiso con el trabajo y disciplina, Alejandro Char hijo da la impresión de haber heredado el carisma y la autoridad que han caracterizado el ‘reinado’ de su padre. Falta por ver si también lleva en sus genes la capacidad de lograr una conexión real con la gente.

Aclamado por un sector de las clases populares a pesar de pertenecer a una de las familias más ricas del país, el alcalde de Barranquilla es capaz de tomarse una cerveza o jugar una partida de dominó en cualquier tienda de esquina en Rebolo, La Chinita o El Bosque sin verse impostado, y ese ha sido uno de los pilares de su capital político.

En el pasado, algunos de sus alfiles han intentado imitarlo, como el exalcalde Jaime Pumarejo o el exgerente de Ciudad Carlos Acosta, pero no han resultado creíbles. Por eso la estrategia es mostrar desde ya a Alejandro hijo como un joven con intereses comunes a los de su generación: bailando ritmos folclóricos en Carnaval, tomando ‘guaro’ en la calle con un grupo de amigos o cofundando la Federación Colombiana de Pádel.

Con su abuelo Fuad a punto del retiro de la vida pública, salvo el estrecho vínculo con el Junior, del que ha dicho no querer alejarse nunca; su padre Álex confinado a las fronteras de Barranquilla por las denuncias y escándalos de corrupción que han impedido su ascenso a las grandes ligas de la política nacional; su tío Arturo inmerso en un proceso de consecuencias impredecibles ante la Corte Suprema de Justicia, que podría llevarlo de vuelta a la cárcel por su papel en el caso de Aida Merlano; con los conflictos familiares derivados de la salida abrupta de Juan José Jaramillo de la gerencia del Carnaval, Alejandro Char hijo surge como el único capaz de tomar la posta en la poderosa casa Char.

La tercera generación representa, en muchas familias, un punto de quiebre con los intereses comunes. Hasta ahora, el delfín charista ha dado muestras de querer asumir las banderas de su padre y su abuelo, pero falta mucho camino por recorrer. Montarse en una tarima a vociferar consignas aprendidas de memoria es la parte suave del trabajo; meter las manos en la basura y ensuciarse hasta los codos es otra cosa.

@jutaca30

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