Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía
[Opinión] El estadio Olímpica
El diseño de la nueva fachada del Metropolitano, con los colores distintivos de dos empresas del alcalde Alejandro Char —Junior y Olímpica—, abren el debate sobre la propiedad de un bien público como el estadio, analiza Juan A. Tapia.
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Primero, una aclaración sencilla. Hacerla puede significar un insulto para lectores informados o con tres dedos de frente, pero resulta pertinente dadas las pasiones que el tema desata. El estadio Metropolitano Roberto Meléndez no es propiedad de la Corporación Popular Deportiva Junior —lo de ‘Atlético’ no figura en su razón social, aunque algunos periodistas y aficionados lo repitan de manera errada—, es un bien público construido con dineros de la Nación, inaugurado el 11 de mayo de 1986, y pertenece al Distrito de Barranquilla. Y la ciudad, para seguir por la misma línea de razonamiento, no es patrimonio del alcalde Alejandro Char ni de su familia, así manejen su destino desde hace 18 años y muchos estén de acuerdo con que forme parte del emporio Olímpica.
La publicación de un video del alcalde en su cuenta de X, en el que revela el diseño de la nueva fachada del escenario de la Ciudadela 20 de Julio, ha encendido un debate en redes sociales —imposible pensar que llegue a un Concejo controlado por el mandatario— sobre los colores distintivos de la megaestructura sometida a remodelación para aumentar su capacidad a 60.000 espectadores en los partidos de fútbol y a 75.000 en los conciertos y espectáculos de diferente tipo.
Esos colores, rojo, blanco y azul, coinciden con los del Junior, equipo de la ciudad, pero también con los de la marca representativa del poderío empresarial de la familia Char: Olímpica. Y ese solo hecho, ínfimo para los aduladores de oficio —y para los bien remunerados— de la gestión del alcalde, constituye un conflicto de interés evidente.
Que la fachada del Metropolitano luzca como una supertienda Olímpica o un almacén SAO amerita cuando menos el control político de los concejales o un debate público en la prensa local, pero no va a suceder lo uno ni lo otro porque sus intereses están alineados con los del alcalde y tener algún reparo a sus decisiones es arriesgarse a ser catalogado de enemigo de la administración. Serían capaces de aplaudir que el nombre del escenario quede dentro de una antorcha como la del logotipo de Olímpica con tal de no llevar la contraria en un tema tan delicado.
Porque para nadie es un secreto el valor sentimental y el peso político que tienen para el alcalde el Gran Malecón del Río y el estadio Metropolitano, inaugurado en tiempos de su padre, Fuad Char Abdala, como gobernador del Atlántico. Lo de la antorcha no es más que una exageración conceptual para hacer visible el conflicto de interés, pero si la decisión del alcalde fuese instalar un escudo gigante del Junior el debate debería ser el mismo. Lo que está en tela de juicio es el posible abuso de autoridad del mandatario para usar en un bien público colores que simbolizan empresas de su familia.
Si los Char quieren un estadio propio para el Junior, nadie les impide comprar un terreno, solicitar los permisos correspondientes y construirlo. Ahí está el ejemplo del Deportivo Cali con Palmaseca. Una vez terminado pueden pintarlo de la manera que gusten, y darle el nombre que mejor se adapte a su conglomerado empresarial: Olímpica Stadium, Coliseo Olímpica o Arena Olímpica. Pero el Metropolitano, hasta ahora, no está incluido en su listado de inmuebles, ni tampoco en el de la Federación Colombiana de Fútbol, por lo que el título de ‘Casa de la Selección’ es, también, un mero simbolismo.
En su condición de arrendatario, el Junior es el gran cliente del Metropolitano. Sin sus pagos por abrir las puertas al público cada vez que hay partidos de local, mantener una estructura semejante sería un desangre para las arcas del Distrito. Pero eso no le otorga poder de decisión sobre el diseño de la fachada o su transformación arquitectónica.
El club barranquillero no pone un solo peso de los $173.000 millones contemplados para la remodelación, que está a cargo del Consorcio Metroestadio, cuya participación mayoritaria la tienen dos firmas beneficiadas con contratación pública local durante la última década, informó La Contratopedia Caribe en un artículo del 19 de diciembre de 2025. “Hubo poca pluralidad de oferentes en este proceso porque se convocó con la figura de crédito al proveedor: el contratista seleccionado pone la plata y Barranquilla le paga a plazos y con intereses”, reveló este medio de comunicación.
¿Qué sucedería si otro equipo aparece en el ámbito local, como en su momento lo hicieron Sporting, en los 80; Unicosta, en los 90, y Uniautónoma, a comienzos de este siglo? ¿Tendrían derecho a pintar una parte del escenario con sus colores o solamente es un privilegio para el club de la familia del alcalde?