[Opinión] El consigliere

Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía

[Opinión] El consigliere

El presidente electo Abelardo De la Espriella necesita un consejero prudente y conciliador que le ayude a mantener la unidad del Gobierno y manejar la política interna, analiza Juan A. Tapia en un parangón con la historia de ‘El Padrino’.

Hay un personaje en la saga de El Padrino, la novela de Mario Puzo llevada al cine por Francis Ford Coppola, que el presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, italianísimo como se cree, seguro conoce bien: Tom Hagen, el consigliere de la familia Corleone. Interpretado por el actor californiano Robert Duvall, este abogado de la mafia reúne algunas de las características del futuro Jefe de Estado.

Aunque fue criado como uno más de los hijos de don Vito —el grandísimo Marlon Brando—, Tom no llevaba la sangre de sus hermanos Sonny, Fredo y Michael, por lo que entendió rápido que debía hacerse un nombre por su cuenta si quería estar en el primer círculo de poder de la familia. Estudió derecho, no se sabe si por voluntad o para complacer a su benefactor, pero terminó por volverse indispensable como defensor y consejero.

Hasta el día en que decidió postularse como candidato a la Presidencia, De La Espriella cumplió en la vida criminal colombiana una función parecida a la de Hagen: consigliere. Un asesor experto en vericuetos jurídicos, con contactos en todas las esferas, capaz de sugerir o cuestionar decisiones sin que le tiemble la voz, y con la personalidad necesaria para hablarle al oído a hombres y mujeres tan poderosos como desalmados. Su papel en las negociaciones de sometimiento con los paramilitares es apenas una muestra en su larga, polémica y muy conocida trayectoria profesional.

Nadie como De La Espriella resume esa fusión ítalo-americana retratada en El Padrino. Con las dos nacionalidades, el nuevo presidente de los colombianos es una mezcla de estilos salidos de la Cosa Nostra y el Partido Republicano. Ahí están enmarcados su estética de nuevo rico y sus principios ultraconservadores. Pero, a diferencia de Hagen, que era un consejero de bajo perfil, para tiempos de paz, el ‘Tigre’ ha sido siempre un abogado provocador, incendiario, petulante y —lo verdaderamente inquietante— de armas tomar. Un consigliere de guerra.

Fue Michael Corleone, tras asumir el mando luego de la muerte de Sonny, el que decidió hacer a un lado a su hermano de crianza por considerarlo demasiado prudente y conciliador para la guerra contra las demás familias. Son virtudes de las que carece De La Espriella y que no van a aparecer por mucho que hurgue en su personalidad o pretenda mostrarse como el refundador de la patria. Tarde o temprano su temperamento explosivo lo traicionará, y en su equipo no hay un solo consigliere de paz.

Michael —transmutado en la piel, la mirada y el cabello engominado del fabuloso Al Pacino— tomó la determinicación de apartar a Hagen porque todavía contaba con los consejos de su anciano padre. Pero De La Espriella, que ha terminado por asimilar como propia la imagen del ‘tigre’ elaborada por sus asesores para la campaña presidencial, nada en aguas infestadas de tiburones. Su ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, es un político sobreactuado, agresivo, convencido de su derecho de sangre a las más altas dignidades del Estado: un Germán Vargas a escala, pero sin la sapiencia de este para las alianzas ni su capacidad de manipulación. Quizá era el lugar para el moderado, jovial, trabajador y —ese sí— componedor Mauricio Gómez Amín.

La inesperada y simbólica derrota de De La Espriella en la elección del presidente del Congreso, con la estrafalaria unión del Centro Democrático y el Pacto Histórico para vencer al candidato del Ejecutivo, dejó claro que el gobierno entrante no cuenta con un Tom Hagen en la familia. Si el vicepresidente José Manuel Restrepo va a estar ocupado llenando los vacíos técnicos de su jefe en cuanto al manejo del Estado, la política interior quedará en manos de Rodrigo Lara y la familia Gómez, por Bogotá; de Federico Gutiérrez y su movimiento Creemos, por Antioquia, y de la casa Char, por Barranquilla y el Caribe.

Acostumbrado a lidiar con narcotraficantes, estafadores y asesinos, el presidente electo sabe perfectamente que nada alimenta la traición como la posibilidad de conseguir una tajada más grande de poder. Pero lejos de parecerse al frío y calculador Michael Corleone, De La Espriella posee un carácter impulsivo similar al de Santino (Sonny), el mayor de los hermanos, asesinado por los antiguos aliados de su familia. Si hasta se ha atrevido, sin posesionarse todavía, a desafiar la autoridad del líder natural de la derecha en el país, al que hasta hace poco consideraba su “padre” político, el expresidente Álvaro Uribe. Esto también resulta calcado de la historia de El Padrino: Sonny queriendo ocupar antes de tiempo el asiento del viejo Vito Corleone.

@jutaca30

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