[Opinión] De clanes y estandartes

Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía

[Opinión] De clanes y estandartes

Las alarmas deben estar encendidas en la casa Char. Los Pulgar y los Torres, unidos, pueden poner en peligro la hegemonía del poderoso clan familiar, analiza Juan A. Tapia.

La cara del santo es la que hace el milagro, decían las abuelas para explicar la importancia de no delegar en otros lo que uno mismo debe hacer. La ausencia del apellido Char en el tarjetón del Senado este domingo de elecciones, por primera vez en 36 años, pasó factura al clan político más poderoso de Barranquilla y la Costa, y sus mediocres resultados deben tener ya al patriarca Fuad Char Abdala pensando en regresar a la arena a pesar de haber anunciado su retiro, a su hijo Alejandro creyendo que no hay nadie capaz de reemplazarlo —cierto, al menos entre sus cuadros más cercanos—, y a la familia en general meditando la posibilidad de acelerar el lanzamiento oficial del delfín Alejandro Char Nule a un cargo de elección popular para completar cuanto antes su fogueo frente al pueblo y en las urnas.

Aunque los Char están lejos de perder su relevancia local, el intento de renovación emprendido de cara a estas legislativas fue claramente fallido. Para la Cámara lograron conservar las tres curules de hace cuatro años y consolidaron la figura del exconcejal Estefanel Gutiérrez como una gran apuesta a futuro para el Senado o la misma Alcaldía de Barranquilla en 2032. Nacido y criado en el barrio La Manga, enclave de la población afro en la capital atlanticense, es hoy por hoy la joya de la corona. Un nombre que no suena a política rancia ni a corrupción.

Pero la vergüenza para la casa Char estuvo en las listas a Senado. Apenas pudo ingresar Gonzalo Baute, con 83.000 votos, superado con creces por los candidatos de los otros dos clanes políticos que a partir de ahora le disputan la supremacía a la familia dueña del emporio Olímpica y del Junior: los Torres, de Puerto Colombia, aliados del presidente Petro, y los Pulgar, el grupo comandado por el exsenador Eduardo Pulgar, condenado por corrupción, quien tiene su fortín en la Alcaldía de Soledad.

Con 146.000 votos, Eduardo Pulgar llevó al Senado a su hermano Yesid, por el Partido Liberal, votación que a punto estuvo de doblar la de Baute, alfil principal de los Char. Que la ‘locomotora’ soledeña haya carburado de manera más eficiente que el ‘tren bala’ de la Alcaldía del Paseo Bolívar debe tener al alcalde con ganas de arrojar su gorra contra el suelo y saltar sobre ella.  

Lo mismo cabe para el caso de Camilo Torres Villalba, elegido con 122.000 votos, también por el Partido Liberal, hijo de dos pesos pesados de la política en Puerto Colombia: el exalcalde Camilo Torres y la excongresista Martha Villalba. Queda la sensación de que, unidos, los Torres y los Pulgar pueden acabar la hegemonía de los Char en Atlántico.

La casa Char esperaba sacar tres senadores propios y al menos otra Cámara. Pero terminaron en Puerto Mocho, atrapados en la taruya, el exmagistrado del Consejo Nacional Electoral César Lorduy y el representante Gersel Pérez, a quien le quedó grande el salto al Senado. Quizá la derrota más inesperada fue la del creador de contenido Felipe Saruma, con más de 5 millones de seguidores en Instagram, ‘ahogado’ como tantos otros influencers que decidieron probar suerte en política este 8 de marzo.

¿Qué falló? Por lo visto no sirvió de mucho el pedido de equis número de votos a cada contratista del Distrito ni la verificación telefónica con los potenciales votantes ni el software de control de efectividad. En el horizonte aparecen las elecciones para Alcaldía y Gobernación en 2027, y un año puede no ser suficiente para mantener el control de los dos entes territoriales cuando la falta del liderazgo emergente es notoria en la casa Char.

En el caso del Paseo Bolívar, la gerente de Ciudad Ana María Aljure parece no tener rival. Pero el Departamento podría pasar a manos de Eduardo Pulgar con una eventual candidatura de su hija, la diputada Isabella Pulgar, o de los Torres, con Martha Villalba. Y es bien sabido que cuando un clan muerde la presa, no vuelve a soltarla a menos que le destrocen la mandíbula. 

Como en las monarquías de siglos pasados, es tiempo de delfines. Las casas políticas que no cuenten con un oportuno y convincente relevo generacional están condenadas a desaparecer. Ahí están los botones de muestra de los Gerlein, los Name o los Cepeda. Con Isabella Pulgar y Camilo Torres Villalba los estandartes de sus respectivas familias resistirán en pie al menos dos décadas más. ¿Serán simplemente muñecos de ventrílocuo de sus padres? ¿Cometerán sus mismos errores? Solo el tiempo lo dirá. Delitos de sangre no hay. Por ahora ya le han sacado ventaja al heredero de los Char.

@jutaca30

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