Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía
[Opinión] ¿Benedetti, alcalde?
Si Iván Cepeda gana la Presidencia, su gobierno movería todas las fichas para alejar a Armando Benedetti de Bogotá, lo que pondría en peligro la hegemonía de la casa Char en la Alcaldía de Barranquilla, analiza Juan A. Tapia.
Por:
El servicio de guía turístico prestado por Teófilo Gutiérrez al candidato presidencial Abelardo De la Espriella en su tour por el barrio La Chinita, con partida de dominó incluida, no deja duda de que el jugador fetiche del alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, comparte la decisión tomada por sus “jefes”, como acostumbra llamar en público a los miembros de la familia propietaria del equipo Junior, de respaldar la aspiración del ‘Tigre’ monteriano —muy parecido al de las Zucaritas, por cierto— de llegar a la Casa de Nariño.
Hasta el ridículo saludo de firme por la patria popularizado por el abogado en redes sociales y actos públicos fue imitado por el futbolista tras convertirle un gol al Bucaramanga el martes 24 de marzo en el estadio Romelio Martínez, a manera de mensaje subliminal para los hinchas rojiblancos que lo tienen de ídolo. A pesar de su conocida rebeldía dentro y fuera de la cancha, Teo no se hubiera atrevido a hacerle un guiño en pleno partido a un candidato distinto al de sus jefes.
Los Char prefieren apostar sus fichas en primera vuelta al representante de la ultraderecha antes que entregarse de lleno al expresidente Álvaro Uribe y quedar a su merced en un hipotético gobierno de Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático.
A la familia más poderosa de la Costa ya le preocupaba el primer lugar de Iván Cepeda en las encuestas desde finales de 2025, pero con el paso de los meses la alerta ha subido de amarillo a naranja. Cuatro años más de un gobierno progresista significaría, para su proyecto político en Barranquilla, mantener cerrado el grifo de los recursos provenientes del gobierno central, y, como se ha visto en esta tercera administración del alcalde Char, con la plata del Distrito no alcanza.
El caucho de los impuestos no estira más. Las quejas por el aumento desmedido del Predial crecen como bola de nieve y, aunque el mandatario es una figura popular por naturaleza y su teflón parece protegerlo de cuanto escándalo afronta, la ausencia de líderes para continuar su hegemonía es evidente y quedó demostrada en las legislativas del 8 de marzo.
Es decir, sin Alejandro Char en la disputa por la Alcaldía para 2027, hasta su legado podría estar en entredicho si su grupo político no conserva el poder. La valoración de su tercer periodo en el Paseo Bolívar no es la misma de sus administraciones anteriores, al punto de que la Gobernación del Atlántico está prácticamente perdida frente a los Torres y los Pulgar, pero en el balance de daños no estaba incluida la sorpresiva piedra en el zapato del ministro del Interior Armando Benedetti.
Resulta que al ‘niño terrible’ de la política colombiana no lo quiere Iván Cepeda en Palacio ni a metros de distancia, sino lo más lejos posible de Bogotá, y una salida decorosa para el todopoderoso ministro, conocedor de los secretos de la financiación de la campaña de Petro y de los hilos ocultos del gobierno actual, es mantenerlo ocupado como alcalde de Barranquilla. Por eso, la posibilidad de que Cepeda gane la Presidencia aterra a los Char ya no por diferencias ideológicas ni la falta de apoyo estatal, sino porque atenta contra el centro mismo de su poder: la Alcaldía.
Con Cepeda en la Casa de Nariño desde el 7 de agosto, llevar a Benedetti a la Alcaldía se constituiría en un asunto de Estado. El aparato gubernamental en pleno enfilaría baterías para alejar de la capital a un personaje incómodo para el nuevo presidente y el Pacto Histórico. Por primera vez en casi dos décadas al frente del destino de los barranquilleros, la casa Char tendría un contrincante de peso y en el momento en que más debilitada se encuentra por la ausencia de liderazgo emergente en sus filas.
Como sucede con los líderes mesiánicos, no importa si son de derecha o izquierda, la popularidad del alcalde Char ha eclipsado a los que han intentado hacer carrera detrás de su estilo descomplicado y de gestas rápidas alabadas por la prensa. Nadie puede desconocer la transformación que ha tenido un sector de la ciudad, pero ganar una elección está más ligado a las maquinarias, las alianzas y la cooptación de votantes que al reconocimiento de una controvertida herencia de trabajo por Barranquilla. Y en ese orden de prioridades, Benedetti, con el gobierno detrás suyo, tendría el viento a favor.
Poner frente a frente a la gerente de Ciudad, Ana María Aljure, elegida por el alcalde para ser su sucesora, y a un zorro como el hoy ministro del Interior puede ser el fin de la era Char, y en los pasillos de la Alcaldía todos lo saben. Por eso no es de extrañar la reaparición de la exalcaldesa y exgobernadora Elsa Noguera en la escena política local, quizá la única carta fiable de los Char entre sus subalternos, pues su imagen de mujer seria, leal, luchadora y disciplinada contrasta con la del camaleónico, buenavida, malhablado e investigado —por corrupción, aumento de su patrimonio y hasta por un incidente en el que habría resultado golpeada su esposa— Benedetti.
Lo malo para los Char es que la reputación de “Elsita” tampoco pasa por su mejor momento: es responsable directa de la debacle de la administración de Eduardo Verano en la Gobernación del Atlántico por una serie de obras contratadas durante su paso por ese ente territorial, con la Gran Vía como estandarte de mala planificación. Basta imaginar a Benedetti saboreándose y sobándose las manos con el agua sucia que podría echarle a Noguera por la ejecución de este y otros proyectos —Centro de Deportes Náuticos de Salinas del Rey, por ejemplo—, con el cinismo y el trato poco digno a la mujer que lo caracteriza.
Así que los barranquilleros, en caso de que Cepeda logre la Presidencia, se verán obligados a escoger entre la continuidad de un proyecto que da muestras de cansancio y desgaste, sin líderes sobresalientes que asuman el relevo generacional, y un Maquiavelo caribeño que encarna todos los males de la política colombiana. ¿Mejor malo conocido que bueno por conocer? Juzguen ustedes.