Juan Alejandro Tapia /Foto: Cortesía
[Opinión] Aquí está tu reina
La designación de una integrante de la familia Char como soberana de las fiestas de 2026 debió hacerse de la manera más transparente posible para no dar la apariencia de que fue a dedo o como un tributo al alcalde, analiza Juan A. Tapia.
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Las seis jóvenes barranquilleras aspirantes a convertirse en reina del Carnaval 2026 tenían méritos suficientes para despertarse este viernes 15 de agosto con la oreja pegada al teléfono a la espera de recibir la llamada del alcalde Alejandro Char. Sus perfiles eran similares, como demuestra un rápido repaso a sus hojas de vida; su condición económica, parecida; su sueño, el mismo de casi toda niña de la alta sociedad: llevar la corona de agosto a febrero y ganar la efímera inmortalidad de ingresar al selecto club de las exsoberanas, pues, como en el caso de los presidentes, lo mejor es dejar de ser el mandatario en ejercicio para transformarse cuanto antes en un ‘ex’. Básicamente, seis balotas idénticas dentro de una urna cubierta por un manto. Todas aguardando, expectantes, la mano encargada de sacar una de ellas a la luz. Y ahí está el problema: en la mano y en el manto.
Es probable que varias de las aspirantes que competían por la corona alcancen su sueño el próximo año o el que viene o el de más arriba. Pero una o dos, quizá tres de ellas, ya no lo conseguirán. Y esa es la diferencia de llevar el apellido más poderoso de la ciudad. Michelle Char Fernández iba a ser reina del Carnaval no importa cuándo, si en 2026, 27, 28 o 29, pero su nombre en el listado real nunca ha estado en juego. En cambio, para Adjany Kappen, Christina Robayo, María José Acosta, Paola Herrera y Salwa Maloof, la elección nunca va a estar asegurada y será siempre como jugar a la ruleta o ganarse la lotería (a menos de que los papás de alguna compren todos los boletos).
El problema, decía, está en la mano que atrapa la balota y el manto que impide ver lo que ocurre dentro de la urna. La escogencia de la reina del Carnaval es un ejercicio turbio, a escondidas de la ciudad, en el que la Junta Directiva de las fiestas supuestamente analiza las cualidades de cada aspirante y entrega un veredicto producto de la confrontación de ideas y opiniones. Supuestamente, porque cuesta creer que una elección como la de Michelle Char Fernández no sea el resultado de un guiño complaciente hacia el alcalde que lleva su mismo apellido o un pedido directo del mandatario.
Nada costaría realizar una transmisión por redes sociales en la que cualquier duda sobre la transparencia de la decisión quedase despejada o invitar a un grupo de periodistas a ser testigos de la deliberación. Conocer el puntaje que cada miembro de la Junta entrega a las aspirantes por su donaire para la cumbia o por su destreza para contorsionarse con el mapalé. El valor otorgado al conocimiento de las raíces del Carnaval y, ¿por qué no?, hasta los nombres de los artistas que cada familia está dispuesta a pagar de su bolsillo para las ceremonias de Bando y Coronación.
No estamos refiriéndonos aquí al acceso restringido para decenas de jóvenes carnavaleras de pura cepa pertenecientes a las clases populares, sino a la discriminación y el oscurantismo de un procedimiento. De seguro, Michelle Char Fernández reúne todas las cualidades para pasar a la historia como una reina inolvidable, conocedores del tema así lo afirman, pero su elección, más que la de ninguna otra aspirante, debió hacerse en una urna de cristal sin el manto de la sospecha. Así hubiese sido por formalidad, por respeto a las otras candidatas o porque nobleza obliga, el alcalde de Barranquilla y el gerente de Carnaval, Juan José Jaramillo, debieron declararse impedidos por formar parte de su familia.
En una de las escenas más recordadas de la aclamada serie de Netflix ‘House of Cards’, el frío y calculador Frank Underwood, interpretado por el hoy caído en desgracia Kevin Spacey, mira la pantalla con desprecio y suelta este parlamento para la historia: “Dinero es la gran mansión que empieza a caerse a pedazos luego de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”. Aunque las familias de las seis candidatas a reina de Carnaval compartían la primera característica, solo una posee la segunda.
Totalmente de acuerdo con su opinión amigo Periodista. Usted utiliza correctamente el Pensamiento Crítico. Lo felicito. Dios lo Bendiga.