¿Aló, presidente? Línea directa con Palacio,  prioridad para Barranquilla

En enero de 2024, Gustavo Petro y Alejandro Char se reunieron en Bogotá para hablar de los Juegos Panamericanos 2027. /Foto: Presidencia de la República.

¿Aló, presidente? Línea directa con Palacio, prioridad para Barranquilla

Sin importar el nombre o la ideología del nuevo inquilino de la Casa de Nariño, el Distrito debe restablecer los canales de comunicación rotos con la actual administración de Gustavo Petro.

Con esta historia, La Contratopedia Caribe inicia ‘Agenda presidencial Caribe’, una serie de análisis enfocados en las prioridades que Bolívar y Atlántico proyectan posicionar en su relación con el próximo Gobierno Nacional. Lea las demás entregas, aquí.

Con 213 años a cuestas —los cumplió el 7 de abril—, Barranquilla es hoy una ‘niña’ envuelta en un conflicto político y personal con dos ‘padres’ enfrentados por obtener su custodia. Cada uno pretende darle una planificación —crianza— distinta, y para conseguirlo necesita un resultado de la elección presidencial favorable a sus intereses. Por un lado, la casa Char, con el alcalde Alejandro Char como símbolo del poder empresarial que gobierna la ciudad desde hace casi dos décadas, y por el otro, el presidente Gustavo Petro, quien aspira a romper esa hegemonía y convertir la capital del Caribe colombiano en un bastión de la izquierda en el país.

Desde su llegada a la Alcaldía por primera vez, en 2008, Alejandro Char y su grupo político —suman cinco administraciones consecutivas, tres de ellas lideradas por él— han sido indestronables en las encuestas de popularidad y apoyo a su gestión. La casa Char había contado siempre con el respaldo del Gobierno Nacional, representado en flujo de caja e intereses compartidos con los sucesivos jefes de Estado que han pasado por el Palacio de Nariño, todos de derechas y con una visión muy parecida de ciudad. Hasta 2022, cuando la llegada de Petro al solio de Bolívar provocó un cortocircuito con efectos inmediatos en el rumbo de la capital atlanticense.

A punto de culminar los cuatro años del mandato de Petro —el 7 de agosto—, la comunicación del presidente y el alcalde es nula. Ni hablar de línea directa, porque jamás la hubo. Y esa falta de canales de contacto abarca casi todas las dependencias locales y nacionales, por lo que el discurso de Char ha sido, prácticamente desde el inicio de su tercer periodo, el de que Barranquilla “está sola” y “puede sola”

Tales expresiones hacen referencia a la consecuencia directa del distanciamiento: la ausencia de recursos aprobados desde el Palacio de Nariño, adicionales a los obligatorios para inversión específica en salud, educación y saneamiento básico (Sistema General de Participaciones). Es más, en el Distrito existe la idea de que la orden en Bogotá no es sólo negar la plata, sino torpedear cualquier proyecto que beneficie la imagen del alcalde Char.

Desde su trinchera caribeña, los Char rápidamente habían  pasado de actores de reparto a tener un papel preponderante dentro de Cambio Radical, el partido de derechas fundado por Germán Vargas Lleras, uno de los grandes jugadores de la política nacional, llamado a convertirse en presidente de la República por su conocimiento del Estado, por la tradición oligarca de los hilos del poder en Colombia —nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970)— y por su destreza para las alianzas y componendas electorales y burocráticas. 

Vargas Lleras fue ministro del Interior y de Vivienda en el primer periodo de Juan Manuel Santos en la Presidencia (2010-2014) y, por su liderazgo político y capacidad de gestión en un programa de casas gratuitas para los más pobres del país, Santos le ofreció la Vicepresidencia para su segundo mandato (2014-2018). 

Aunque ya la relación con Santos era buena desde su época como ministro de Defensa de Álvaro Uribe Vélez, a través de Vargas Lleras los Char tuvieron las puertas de Palacio siempre abiertas y Barranquilla fue una de las ‘consentidas’ durante sus dos administraciones. Quizá el mayor ejemplo fue la luz verde entregada por el presidente a la construcción del nuevo puente Pumarejo, inaugurado en diciembre de 2019 por el gobierno de Iván Duque, con una inversión final aproximada de $800.000 millones.

Y esa comunicación fluida continuó con el presidente Duque, a quien era frecuente verlo en Barranquilla los fines de semana en restaurantes de comida típica, como La Tiendecita o Narcobollo, reunido con Char —en 2018 y 2019, durante su segunda administración— y después con el también alcalde Jaime Pumarejo, a partir de 2020.

Con Petro, en cambio, solo ha habido dos conversaciones cara a cara en 45 meses. 

En enero de 2024, una delegación de Barranquilla, liderada por el alcalde Alejandro Char, se reunió con el presidente Gustavo Petro en Bogotá. Foto: Presidencia de la República.

Una fuente de la Alcaldía confirmó a La Contratopedia Caribe que la primera vez fue el 9 de enero de 2024, en Bogotá, para debatir la realización de los Juegos Panamericanos —que resultó fallida—, y la segunda, el 6 de mayo del mismo año, en la Segunda Brigada del Ejército, donde conversaron sobre salud, educación, tarifas de energía y seguridad. 

La segunda reunión que tuvieron el presidente Gustavo Petro y el alcalde Alejandro Char fue en mayo de 2024, en Barranquilla. Foto: Presidencia de la República.

Este último encuentro se dio en el marco de las jornadas denominadas ‘Gobierno con los barrios populares’, y, tras culminar el diálogo, en el que estuvo presente el entonces ministro del Interior Luis Fernando Velasco, Petro declaró sobre los temas abordados: “Con el alcalde Char, con el que casi no nos entendemos nunca políticamente, hemos acordado juntar los esfuerzos para un plan masivo de mejoramiento de vivienda en los barrios populares de Barranquilla de cara a que las familias pobres puedan generar energía eléctrica limpia”.

Para entonces ya la relación estaba hecha trizas por la cancelación de los Panamericanos de 2027, el evento deportivo que iba a marcar el curso del tercer mandato de Char, al que Petro le bajó el pulgar luego de muchas evasivas y rodeos. 

El alcalde creía que los recursos para las justas, provenientes de la chequera nacional, estaban garantizados, pero el presidente consideró que la inversión era estrambótica e innecesaria. En los pasillos de la Alcaldía, sin embargo, pocos dudan de que el verdadero motivo fueron las diferencias personales e ideológicas con Char.

“Petro no iba a permitir que la reputación de Alejandro Char como gestor de grandes obras tomase vuelo internacional con un evento multitudinario celebrado en Barranquilla, cuando él, en su condición de presidente, no iba a poder inaugurarlo ni sacar pecho porque estaba fuera de los cuatro años de su mandato”, le dijo un asesor de la Alcaldía a La Contratopedia, bajo reserva de identidad, sobre lo que los medios de comunicación —en su mayoría cercanos a la casa Char y con vínculos comerciales con el Distrito— terminaron por catalogar como el más grande desplante del Jefe de Estado a la ciudad.

Volver a tener un presidente amigo

Dos semanas antes de esa última reunión, y con apenas cuatro meses en el cargo, el alcalde Char había escalado el discurso de abandono contra el presidente de la República. 

En la presentación del proyecto del polideportivo del barrio La Magdalena lanzó los primeros dardos untados de veneno: “Que sigan hablando paja todo el día, que pa’ eso es que son buenos, aquí estamos ejecutando obras para el pueblo barranquillero”. Y volvió al recurrente tema de la plata: “Nosotros no tenemos aquí que presidente, que Ecopetrol, que EPM, nada de esa vaina. Estos son los impuestos de los barranquilleros. Aquí no hay un peso de Bogotá”.

Culminaba así un periodo de prueba, como en toda relación a la fuerza, en el que Char había intentado bajar el tono a la rivalidad surgida tras las denuncias de Petro sobre prácticas clientelistas, compra de votos y procesos turbios en la contratación pública barranquillera, que datan de sus épocas de senador y continuó ya como candidato presidencial. 

En ese lapso de cuatro meses, Char había enviado una misiva a la Casa de Nariño en lenguaje conciliador, confiado en que Petro no se atrevería a meterse con los Juegos: “Agradecemos al presidente Petro, a Laura Sarabia y a todo su equipo de Gobierno por acogernos en Casa de Nariño y mostrarle al mundo su compromiso con los Juegos Panamericanos Barranquilla 2027”.

Los Panamericanos representaban el cierre dorado para la tercera Alcaldía de Char, y la posibilidad de entregar miles de millones de pesos en contratos para la remodelación de escenarios deportivos. Con la experiencia de los Centroamericanos y del Caribe de 2018, celebrados en Barranquilla durante la segunda administración de Char y considerados un éxito por la prensa especializada y las delegaciones de los distintos países, solo había que aumentar la capacidad de las instalaciones para recibir a más deportistas, periodistas y visitantes. 

Es decir, la mesa estaba servida y el alcalde ya se saboreaba el banquete para su imagen de dirigente, cuando la empresa organizadora del evento, Panam Sports, dio a conocer el traslado a otra sede por el incumplimiento en los pagos que debía realizar Bogotá.

Desde entonces han pasado dos años y el calibre de las críticas de parte y parte ha ido en aumento, lo mismo que los desaires. Char no se ha hecho presente en ninguna de las visitas y actos públicos del presidente en Barranquilla, contrario a lo que manda el protocolo, y Petro no ha parado de señalarlo de ser el responsable de la debacle de la comercializadora de energía Air-e y de la mayor preocupación de los habitantes de esta ciudad: la criminalidad. 

El 18 de diciembre de 2024, en medio de su intervención en la ceremonia de ascensos de las Fuerzas Militares, en la Escuela General José María Córdova, el presidente Petro dijo que “Barranquilla se ha convertido en la capital de la extorsión en Colombia”. 

Cinco meses después, el 21 de mayo de 2025, desde el Paseo Bolívar, a pocos metros del edificio de la Alcaldía, Petro reveló el inicio de un proceso de diálogo con los jefes de las bandas criminales de Barranquilla para reducir la tasa de homicidios y extorsiones, sin mencionar siquiera a las autoridades locales, que fueron las primeras sorprendidas con el anuncio. 

El siguiente paso fue la decisión de trasladar a Barranquilla a los dos jefes de las bandas más poderosas, ‘Los Costeños’ y ‘Los Pepes’, Jorge Eliecer Díaz Collazos, alias ‘Castor’, y Digno Palomino, con varios de sus lugartenientes, recluidos en cárceles de máxima seguridad del interior del país, como incentivo para sentarlos a negociar el fin de una guerra fraticida —eran amigos inseparables al comenzar sus actividades delictivas— y para dejar atrás sus fuentes de financiación: el microtráfico y la extorsión. 

El inminente traslado tomó por sorpresa al alcalde, y de inmediato se despachó contra esta medida a través de su cuenta en la red social X. 

El rótulo de “pacificador” de Barranquilla es uno de los objetivos de Petro antes de terminar su mandato, aunque está lejos de conseguirlo —las conversaciones de paz con los jefes de ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’ fueron suspendidas— y los tiempos ya no cuadran. 

Por si fuera poco, Char no ha dejado pasar la oportunidad de golpearlo en su punto más débil: la ‘Paz Total’, el fallido proceso de negociación de acuerdos simultáneos con todos los actores de la criminalidad en Colombia.

El 10 de abril pasado, en una declaración polémica desde Bellarena, barrio del sur de Barranquilla, el alcalde aseguró que el programa de Petro ha favorecido a las estructuras delincuenciales. “Esto es lo que nos ha traído la ‘Paz Total’, todo el barrio extorsionado; a los únicos que cuidan es a los bandidos. Y la gente de bien tiene que gastarse la plata en rejas. Como si estuvieran en una cárcel”, dijo con evidente molestia. Sin embargo, las afirmaciones del alcalde fueron recibidas con recelo y cuestionamientos por un sector de la ciudadanía, ya que el deterioro de la seguridad comenzó mucho antes de Petro.

La casa Char es consciente de que su poder en Barranquilla y la región está siendo erosionado por el Pacto Histórico, grupo político liderado por el presidente, y por eso necesita más que nunca de un “amigo” en el Palacio de Nariño. 

“Por ahí hay un candidatico costeño que queremos apoyar, que a pesar de que está solito, y no tiene partido político, hoy en las encuestas está empatado con el hombre del Gobierno Nacional”, dijo Fuad Char Abdala, padre del alcalde y jefe máximo de Cambio Radical en la región, en una reunión con miembros de su movimiento, de cara a las elecciones a Congreso, en febrero pasado.

Ese candidato es el abogado Abelardo De la Espriella —quien se vende como un outsider de ultraderecha, ajeno a las castas políticas— y las razones para apoyarlo en primera vuelta van desde su condición de costeño —aunque nació en Bogotá fue criado en Montería— hasta su vocación empresarial. Además, ha mantenido una relación profesional con varios miembros de la familia a través de su bufete de abogados. 

Pero quizá lo que más influya es que la eventual llegada del ‘Tigre’ —como se ha dado a conocer el penalista— al Palacio de Nariño les permitiría tener línea directa con él sin pasar por la supervisión del expresidente Álvaro Uribe, quien maneja la campaña de Paloma Valencia por el Centro Democrático, también de derechas.

Restablecer la comunicación con el nuevo inquilino del Palacio desde el 7 de agosto, día de la posesión del presidente que reemplazará a Petro, es la prioridad de la casa Char para mantener el control de Barranquilla, epicentro de su poderío regional. 

En caso de perder el pulso con el candidato del Pacto Histórico, el senador Iván Cepeda, hasta la continuidad en la Alcaldía para el periodo 2028-2031 podría resultar truncada por un aspirante de la entraña de Petro, como el actual ministro del Interior Armando Benedetti, a quien le “suena” lanzarse por la gran silla distrital.

Lo que está en juego

El modelo de gestión pública implementado por la casa Char, con énfasis en grandes obras de infraestructura, requiere del apoyo del Gobierno Nacional para bajar la presión sobre su nivel de endeudamiento. Con el ambicioso plan de inversiones charista, el Distrito proyecta cerrar 2027 con $4,5 billones de deuda pública. Por eso, el temor local es que, de ganar Cepeda la presidencia, el grifo de los recursos nacionales continúe cerrado y se pierda la posibilidad de obtener una cofinanciación que le evite a Barranquilla pensar solo en la banca para sacar adelante sus iniciativas.

Sería una prueba de resistencia extrema para un grupo político que empieza a dar muestras de cansancio y pérdida de credibilidad, sumado a las ausencias de nuevos liderazgos y relevo generacional. Los resultados de los comicios legislativos del 8 de marzo, por ejemplo, no fueron los esperados en el Paseo Bolívar de Barranquilla.

Pero más allá de lo que ocurra con la casa Char o de la continuidad del proyecto político de Petro por intermedio de Iván Cepeda, el Distrito necesita estrechar nuevamente sus vínculos con Bogotá para temas prioritarios como el servicio de energía y el manejo de la compañía Air-e, intervenida por el Gobierno Nacional en septiembre de 2024. 

La crisis de liquidez de esa empresa mantiene en vilo a la región por la posibilidad siempre latente de un apagón. La deuda con las transmisoras y generadoras no ha bajado desde la intervención de Superservicios, sino lo contrario, ascendió a más de dos billones de pesos y pone en riesgo el funcionamiento de todo el sistema eléctrico nacional.

El Comité Intergremial del Atlántico ha identificado otros temas prioritarios para Barranquilla. Entre estos, el “desarrollo del potencial del aeropuerto Ernesto Cortissoz como eje de la conectividad internacional del Gran Caribe para carga, pasajeros y reparación de aeronaves”, lo mismo que “asegurar el dragado de mantenimiento permanente del canal de acceso a la Zona Portuaria de Barranquilla, que requiere una inversión anual de $150.000 millones”. 

En un documento socializado con su asamblea de afiliados —por el presidente del Comité, Efraín Cepeda Tarud— también se plantea el objetivo hasta ahora inacabado de la conexión vial regional, con proyectos en curso en Atlántico, Magdalena y Bolívar, como el viaducto Ciénaga-Barranquilla, entre los kilómetros 9 y 28, mediante un contrato con Invías por $630.000 millones, y la construcción en doble calzada de 60 kilómetros de la Vía al Mar, entre Cartagena y Barranquilla, que aún permanecen en calzada sencilla del trazado de 110 kilómetros de esta carretera. 

El documento también menciona, entre los retos para el nuevo presidente, la integración regional a partir de las complementariedades y especialidades de los siete departamentos, a manera de guiño al proceso de regionalización liderado por el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano. 

En lo que ha sido interpretado por varios sectores barranquilleros como un acto de campaña en favor de Cepeda, el ministro del Interior, Armando Benedetti informó a comienzos de mayo en su cuenta de X que el Gobierno Nacional “asumirá la megarreconstrucción” del aeropuerto Ernesto Cortissoz, y reveló que “el presidente Petro estará en Barranquilla para hacer los anuncios de la estructuración financiera y los detalles de cómo se adelantarán estas obras”. 

Con la partida de ajedrez por ahora en tablas, la elección presidencial tendrá profundas repercusiones políticas y administrativas para Barranquilla. La casa Char pondrá en marcha su maquinaria electoral este 31 de mayo —y el 21 de junio si es necesaria una segunda vuelta— para recuperar esa anhelada línea directa con el Palacio de Nariño y conseguir un respiro financiero para el Distrito. 

La victoria de Abelardo De la Espriella o Paloma Valencia permitiría restablecer la comunicación con el Paseo Bolívar de forma inmediata, sin embargo, el pulso con el Pacto Histórico no está definido y de ganar Cepeda no habrá otro camino que volver a intentar acercamientos con el nuevo presidente ya con Petro fuera de la ecuación.

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